13 junio 2007

El mercado de Tlatelolco es una de esas cosas que pasan en la vida y que difícilmente puedes olvidar. Ganar un concurso con dicho juego ha sido un sueño hecho realidad, ya no solo por el premio, sino por el hecho de que una creación mía sea reconocida de alguna forma.

11 meses antes
Todo empezó hace algo menos de un año, cuando mi afición por los juegos de mesa era tan grande como la que antiguamente tenía por los juegos de rol. Y como ya me ocurriera con los juegos de rol, siempre creo que puedo hacer algo mejor que lo que ya está publicado y me puse con ello. Evidentemente, no es fácil. El primer intento fue una vuelta de tuerca al Ciudadelas de Bruno Faidutti, un juego que a día de hoy me sigue pareciendo de los mejores. El resultado fue un juego farragoso, poco original y en definitiva, poco jugable. Entonces el juego se llamaba Mercaderes y no se parecía en nada al juego actual. Pude probarlo por encima, pero fue un desastre. Para los curiosos, podéis leer las reglas de aquel esperpento aquí.

10 meses antes
Como la esperanza es lo último que se pierde, me puse a rediseñar el juego. En esta ocasión, después de haberle dado mil vueltas a las reglas, estuve seguro que por fin había creado un juego digno. Nada más lejos de la realidad, las primeras pruebas me demostraron que seguía siendo terriblemente farragoso. No me lo podía creer, estaba seguro que no sería así. Que decepción. El juego seguía llamándose Mercaderes y en esta ocasión, ya se puede adivinar algún pequeño paralelismo con el juego actual. Para este juego me curré unos componentes excepcionales que ahora duermen el sueño de los justos; nunca volví a cometer el error de perder el tiempo en los componentes antes de probar el juego, aunque tengo que admitir que unos componentes bonitos hacen las pruebas más agradables. Los coleccionistas de rarezas pueden leer el reglamento de aquello aquí.

7 meses antes
Después de tan sorprendente batacazo, perdí un poco las ganas de diseñar un juego y entre unas cosas y otras pasaron 4 meses. Como mi cabeza siempre está maquinando cosas, pues se me ocurrió una idea interesante. El resultado fue un juego incompleto con una mecánica que, en esta ocasión, sí que recuerda a la del juego actual. Se llamaba Otros mercaderes, porque se trataba de un juego diferente del anterior, aunque con suficientes parecidos. Los roles no terminaban de encajar en el juego y la únicas pruebas que hice fueron de la mecánica de comprar en horizontal y vertical sobre una cuadrícula. El resultado fue mejor de lo esperado, pero ahí se quedó, pues seguramente tendría algo mejor que hacer y el juego quedó olvidado. Si has leído los anteriores reglamentos, no puedes perderte éste.

3 meses antes
Hace tres meses Oriol Comas i Coma, muy conocido en el mundillo, anuncia en la BSK un concurso de diseño de juegos de mesa con muy buena pinta. Es entonces cuando decido recuperar Otros mercaderes y convertirlo en el actual Mercado de Tlatelolco. En esta ocasión pongo toda la carne en el asador y prácticamente todos los días dedico un ratillo al dichoso juego. Empiezo a creer que estoy en el buen camino cuando se me ocurre convertir el tablero en una especie de rompecabezas. En esta ocasión probarlo es lo más complicado, siempre parecía un mal momento, seguramente porque yo no tenía todavía claro que el juego fuera a funcionar. Con Raquel lo pruebo alguna vez, pero entre dos no termina de gustarme, quiero probarlo con cuatro, está pensado para cuatro. Finalmente convenzo a Yoli y Laura, amigas de Raquel y jugadoras ocasionales para probarlo juntos. En aquella sesión de pruebas queda claro que mover el tablero como si se tratara de un rompecabezas es absurdo, por muy bonito que me pareciera, mucho mejor mover al hueco. El juego con ese cambio funciona aceptablemente bien, aunque no es ninguna maravilla (¡pero la mecánica funciona!). Laura me deja bien claro que le falta algo y tiene toda la razón del mundo. Por entonces se llamaba simplemente Tlatelolco, nombre de una ciudad azteca con un famoso mercado (todo ello inspirado en éste artículo, que parece adaptarse perfectamente a las reglas). Y hablando de reglas, éste era el reglamento.

1 mes antes
Días después de haberlo probado con Yoli y Laura, y posteriormente con mi suegro y mi cuñado (y siempre con la pobre Raquel), hago algunos cambios que sólo puedo probar solo. Las influencias dejan de servir para mover y se usan para comprar. El ladrón desaparece porque no me gusta y se está terminando el plazo. Aparece el cargador para rellenar el mercado. Se permiten movimientos del mercado gratuitos con la influencia. Etc. En mi mente el juego está bien, pero no lo he probado todo lo que me gustaría. Finalmente decido llamarlo El mercado de Tlatelolco, pese a lo complicado que resulta de pronunciar. Presento el juego al concurso, dudando. Paso la primera fase. Y la segunda. Y finalmente recibo una llamada de Oriol diciéndome que he ganado. No me lo puedo creer, he ganado. Y las reglas definitivas están aquí.

En la actualidad el mercado de Tlatelolco se sigue moviendo, como en una de sus partidas.

4 comentarios:

Pedrojar dijo...

Muy interesante la intrahistoria, Víctor. Ha sido un gusto leerla.

Saludos¡

PJorge dijo...

Cierto, muy interesante.

White Rabbit dijo...

interesante historia, claro la palabra Tlatelolco es dificil de pronunciar si estas poco familiarizado con los vocablos de las lenguas indigenas de Mexico, je.
Tu juego tiene muy buenas reseñas, algun dia espero probarerle, ahora que estoy volviendo a los juegos de mesa y cartas no coleccionables el problema como siempre es conseguir quien se anime a jugar.

Saludos desde Cuahunahuac.

Victor Melo dijo...

White rabbit, si te interesa el juego puedo pasarte una versión actualizada de las reglas y todo lo que necesitas para su autofabricación. Mandame un mail a "uveemebe 'arroba' gmail 'punto' com"

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